Lágrimas de Hollín (Los Tremain)

¿Quiénes son los Tremain?

Demasiado se sabe de la pequeña Madock y alguna que otra cosa de los niños Tremain, pero quizás debíamos analizar a los progenitores, a Reed y a su marido, de apellido Tremain.

Existe en la sociedad ciertas criaturas criadas en la sombra. Una hija criada a la sombra de la dulzura y pureza de una hermana más pequeña. Un hijo criado a la sombra de un hermano mayor, fuerte y capaz. Pero ninguna de estas criaturas se embrutecen por criarse chupando de la niebla de Érebo.

Encontramos también animales embrutecidos, de cortas entendederas y un sentido del orgullo y respeto algo desviados.

Cuando juntamos esas dos fórmulas y además le damos una pareja complementaria, surge una dualidad como es la de Reed y su marido, de apellido Tremain.

Ambos tenían grandes dosis de amor y de odio a repartir. Amor dado la mayoría de las veces en forma de indolencia y en ocasiones una pequeña muestra de cariño y calor familiar. Odio aportado en forma de castigos y abandono.

Suerte tuvieron estos padres en cruzarse a Nadia Madock en el camino. Hija de esa niña mimada que era la hermana de Reed. Nadia, pequeña alondra de grandes ojos marrones que despertaba radiante y superaba en candidez e inocencia a cualquiera de sus hijos.

Esas dosis se empezaron a repartir de una forma ahora mucho más ordenada. Los hijos objetivos de la indiferencia y de esas pequeñas gotas de amor que de vez en cuando se estruja de las víboras. La sobrina, el hierbajo crecido en su precioso cultivo de hijos brutos e ignorantes, como sus padres, víctima del odio. Si hacía falta desahogarse, si en algún momento se debía culpar a alguien; ahí estaba siempre la invisible criatura.

No era culpa ni de Reed ni del tal Tremain encontrarse con una pepita de oro y usarla para calzar una mesa en vez de venderla.

Personaje: Nadia

Partida: Los 72º Juegos del Hambre

Kay

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Lavado de Cara

He hecho alguna que otra modificación. Ya iba siendo hora de eliminar churretes y adecentar el lugar para personalizarlo un poco más. Antes estaba demasiado poco modificado y se parecía en demasía a otras páginas de wordpress. Ahora que ya lo he recalibrado, espero poder darle algo más de vida a este rinconcito de mi alma.

Klaud.-

Lágrimas de Hollín

Pasaron dos días y dos noches. Ellas durmiendo con el estómago implorando a pesar de su ya de por sí reducido tamaño, ellos asustada, acurrucada, en ocasiones tanteando las paredes, buscando algún pequeño agujero por el cual colarse.

Tras un año trabajando en las minas, ésta era la primera vez que se encontraba atrapada a solas.

Había aprendido que lo peor que se podía hacer en esas ocasiones era gritar, golpear las paredes o hacer algo que pudiera ocasionar un nuevo derrumbe. Quedándose quieta, sin hacer nada, debía esperar a que la rescatasen. Lo cual no tenía mucho sentido, pues si no se sabía donde había alguien vivo, no había por qué buscar. O quizás si tenga sentido. Por alguna razón tras los derrumbes, los únicos que suelen salir con vida son los que quedan tras la puerta principal… No merece la pena gastar recursos en la búsqueda de desaparecidos.

Al tercer día, las lágrimas se acabaron. Hasta entonces, la niña había estado chupando los dedos con los que se las secaba.

La tercera noche no existió, si es que alguna de las anteriores existieron. Sin luz, el reloj biológico adquiere extrañas manías, sin ningún suizo para rectificar, las manillas se detienen.

Personaje: Nadia

Partida: Los 72º Juegos del Hambre

Kay

Pausa

El camino llega a su final. Aún quedan esos últimos pasos tan difíciles de dar por varias razones. Estás cansado y cuesta mucho conseguir acabar. Y aunque estés ilusionado por culminar con éxito tan ardua etapa, prefieres seguir caminando. Tocará cambiar de ruta, comenzar una nueva senda, más difícil aún.

Echas la vista atrás y no ves ninguna huella. Según la bota imprimía su señal, esperando dejar un recuerdo imborrable, comenzaba su rápido deterioro. Ni siquiera una mancha de lo que pudo haber sido una remembranza para la eternidad. Nada. El camino ha sido recorrido, está siendo completado y el caminante será el único que lo recuerde. Finalmente él también lo olvidará y entonces su paso se perderá. El pasado, borrado, por no ser demasiado importante y el futuro discernible a cada paso que se da. Un presente inexistente que no puedes asumir. Un camino recorrido que desaparece y el comienzo de uno nuevo.

¡Pausa!, quiero asumir mi presente. El pasado pasó, el futuro llegará, el presente es ahora y quiero vivirlo. No quiero olvidar, no quiero ser uno más. Quiero ser yo quien controle mi destino. Ser yo quien controle mi presente, quien recuerde mi pasado y quien no tenga miedo a mi futuro.

Pero el camino ha concluido y la vida no pausa por una sola persona. El presente seguirá siendo inexistente y el pasado olvidado…

Klaud.-

No solo de pan vive el hombre

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

Federico García Lorca.- Septiembre 1931.